Cumpleaños feliz

 
 
          Pues déjame que te tome el día para celebrarte; si tú no te celebras, si no quieres recordar este año maldito, me lo quedo yo para tenerlo en la caja secreta de mi habitación. He aprendido que para sobrevivir en el juego de Dios, uno debe ejercitarse en el tan denostado arte de la amnesia.
 
          Me he guardado bien a salvo -bien a mano- las cosas lindas en el bolsillo de la cazadora vaquera. Me he guardado, por ejemplo, la foto de mi penúltimo duelo con la muerte, porque con esta amnesia premeditada mía no podría entonces recordar que ahora me rodeo de elementos blanditos y no de precipicios. Se acabó también lo de pasar el rato dándole la espalda al mañana; ahora invierto mi energía en pasar bailando los días que caen en martes y trece.
 
          Así pues, teniendo en cuenta
    • el hurra por la amnesia
    • las galletas Príncipe, la Nocilla y el pan de molde sin corteza
    • los teatrillos que organizo para no quedarme dormida al volante cuando no funciona la radio
    • la audición de fin de curso y los abrazos y las lágrimas de mis pianistas -y mías-
    • el fin de los duelos con la muerte
    • la ilusión indescriptible de cuando voy a la estación a buscarte
    • que quién sabe lo que pasará mañana
    • y que has sido testigo y partícipe de todo lo anterior,

si crees que no hay nada por lo que soplar velas, pedir deseos y zampar pastelitos, si este maldito 2007 va a impedir que tu sonrisa vuelva a ser completa, entonces voy a poner un anuncio en el periódico, en primera página para que Dios lo vea y se dé por aludido: ‘te cambio todo lo de antes por su 10 de mayo’.

          Ya ves tú lo que me importa todo lo lindo si no te veo sonreír.

          Ya ves tú.

 

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Girasombra

 
          Todos conocíamos el protocolo: en cuanto entraba al aula debíamos abrir de par en par todas las ventanas, incluso cuando la temperatura exterior era de bajo cero; y entonces llegaba ella con prisa, acalorada y haciendo aspavientos, como queriendo movilizar con angustia las moléculas de CO2 que pululaban e invadían el espacio vital. Aparte de ser mi profesora de inglés del último año de instituto (la mejor profesora de inglés que tuve), América era la persona más aprensiva (segunda acepción) y con el acento más australiano que jamás había conocido. Uno debía ser precavido y no emitir una sola tosecilla en su presencia si no quería ser enviado ipso facto a casa. ‘Por favor, si estáis enfermos no vengáis a clase, quedáos en casa hasta que os curéis, ¿entendido? No quiero gérmenes en mi clase’-, solía decirnos.
 
          Este verano iba yo camino del monasterio para escuchar las vísperas de los monjes (y también para cantar con ellos en bajito -el discreto placer de los que sabemos interpretar gregoriano), cuando a un lado de la carretera desierta vi un inmenso campo de girasoles que me hizo pisar el freno y bajarme del coche para contemplarlo con calma mayándrica. Había tanto silencio en medio de aquella nada que denosté mentalmente a las decenas de moscas que circundaban ruidosamente el lugar. Pensé que los girasoles estaban rezando. Pensé que eran el preludio perpetuo del monasterio y que allí los tenía Dios, con la cabeza gacha, para que viéramos que aún hay quienes, como los semáforos, nunca se cansan de esperar. Y luego, Valentín, me acerqué a uno de ellos, me arrodillé a su lado, le miré a los ojos y me di cuenta de que aquellos girasoles no rezaban, tan sólo estaban tristes. Y no rezaban porque estaban tristes. O quizá estaban tristes porque no rezaban. O por rezar en vano estaban tristes. El caso es que estaban tristes.
 
          Y el caso también es que recordé de pronto a muchas personas, y te recordé a ti. Y me recordé a mí. Me acordé de mi profesora de inglés poniendo distancia entre ella y los enfermos, y recordé las tantísimas ocasiones en las que la vida me ha enseñado que a la gente le gustas mucho más cuando sonríes, cuando estás bien, cuando estás animado y tienes ganas de levantarte temprano y de salir de copas el viernes por la noche. Lennon también advirtió esta cruel realidad. Y me alegro de ser Mayandra y de no ser gente, porque si te veo con la cabeza gacha pienso acercarme por si alguno de los parches que a mí me sobran te hiciera falta para suturar la fuga por la que se te escapan las ganas de vivir. Y me alegro de formar parte de la comunidad de los girasoles que no miran hacia el sol sino hacia la tierra porque sabemos que la luz está dentro de cada uno y no sobre la cabeza de nadie. Y también me alegro de haber tenido la oportunidad y el privilegio de aprender que todos, absolutamente todos tenemos pleno derecho a estar tristes y a enfermar.
 
          Porque lo difícil y meritorio es mantener la cordura y la abnegación siendo un girasombra doliente en mitad de un mundo monocorde de girasoles aborregados. De tanto mirar al sol se han quedado ciegos, pobrecitos.
 
          

 
          PS1. Aquí queda la prueba gráfica de que fue Mayandra de Grecia quien estuvo allí. Me tomé la libertad de tomar una foto tomando una foto del campo infinito de girasombras.
 
          PS2. Vaya por Dios, así que te robaron la mochila en el metro… Lo último que me han robado a mí son los soles del tapiz de fondo de este espacio mayándrico. Dicho sea de paso, carece de gracia, así que quien me los haya chorizado, por favor, que me los devuelva. Y si lo ha hecho un girasol como consecuencia inevitable de su adicción cansina a mirar eternamente al astro rey, pues se lo perdono y santas pascuas, que bastante tiene con ser lo que es y con haberse quedado ciego.
 
          PS3. A ver, chaval, decir mentiras no es tu estilo, así que cambia en seguida la imagen de tu perfil. Desconozco si Garciluño tiene motivos para afirmar lo que afirma, pero a ti no se te admite. Bolero. A ver qué va a ser esto. Hombre-ya :) .
 
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M. v. s. m. y d.

         
          Mi valor supera montañas y dudas.
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Antes de que se acabe el día…

          …tengo que dejar el espacio para esta entrada. Ya la escribiré otro día, en otro momento. Hoy no. No.
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Con ‘B’ de Buonarroti

 
          Lo sé, lo sé. Sé que tengo algunas cosas esperando que las escriba, varias canciones aún por grabar, un par de decisiones importantes que tomar y un montón de asuntos pendientes que suplican solución; pero es que hoy la estrella que me vigila me ha provocado con esta poesía cantada y, qué puedo decir, soy débil, oiga. Yo soy débil y esta canción preciosa. Tan bonita que no he sido capaz de contenerla dentro.
 
          ¿Sabes? Caminar sin ti no es del todo andar.
 
         
          PS1. Creo que voy comenzando a saber por dónde piso y hacia qué dirección. Gracias por convertirte en brújula, Sioux.
             PS2. ¿Quién es Darío?
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Mayandra busca su sitio

 
          Así, sin avisar. El teatro de la vida ha decidido cambiar mi papel. Llámame Raquel esta noche.
 
          Neruda escribió 20 poemas de amor y compuso una canción desesperada. Ray Loriga compuso 10 canciones de amor y encontró 7 caminos distintos de vuelta a casa con la esperanza de que la persona para quien los buscó encontrara al menos alguno. Yo he encontrado hoy 2 formas distintas de contarte lo que estoy buscando:
 
          Estoy buscando mi sitio. Y lo voy a encontrar. Ya no quedan habitaciones libres para la duda.
 
         
          PS. Acabo de asomarme a la ventana y he visto una estrella preciosa y muy brillante, la más brillante de todo el infinito; y no deja de mirarme. A ver quién aguanta más tiempo la mirada.
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En directo

         
          Permanezco aún en una casa que no es la mía escribiendo desde un portátil que no es el mío. A riesgo de despertar a mi compañera de habitación voy a decir en alto que me encantó la poesía musicada del concierto que anunció To. No podía Mayandra dejar escapar esta oportunidad de comprobar en directo que, efectivamente, sus teorías saladas son canciones.
 
          Bonitas canciones. Bonito grupo. Bonita noche.
 
          Mi compañera de habitación se está inquietando en sueños. Si se despierta me gritará, como anoche. Creo que es el momento de apagar. Buenas noches.
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