Pues déjame que te tome el día para celebrarte; si tú no te celebras, si no quieres recordar este año maldito, me lo quedo yo para tenerlo en la caja secreta de mi habitación. He aprendido que para sobrevivir en el juego de Dios, uno debe ejercitarse en el tan denostado arte de la amnesia.
Me he guardado bien a salvo -bien a mano- las cosas lindas en el bolsillo de la cazadora vaquera. Me he guardado, por ejemplo, la foto de mi penúltimo duelo con la muerte, porque con esta amnesia premeditada mía no podría entonces recordar que ahora me rodeo de elementos blanditos y no de precipicios. Se acabó también lo de pasar el rato dándole la espalda al mañana; ahora invierto mi energía en pasar bailando los días que caen en martes y trece.
Así pues, teniendo en cuenta
- el hurra por la amnesia
- las galletas Príncipe, la Nocilla y el pan de molde sin corteza
- los teatrillos que organizo para no quedarme dormida al volante cuando no funciona la radio
- la audición de fin de curso y los abrazos y las lágrimas de mis pianistas -y mías-
- el fin de los duelos con la muerte
- la ilusión indescriptible de cuando voy a la estación a buscarte
- que quién sabe lo que pasará mañana
- y que has sido testigo y partícipe de todo lo anterior,
si crees que no hay nada por lo que soplar velas, pedir deseos y zampar pastelitos, si este maldito 2007 va a impedir que tu sonrisa vuelva a ser completa, entonces voy a poner un anuncio en el periódico, en primera página para que Dios lo vea y se dé por aludido: ‘te cambio todo lo de antes por su 10 de mayo’.
Ya ves tú lo que me importa todo lo lindo si no te veo sonreír.
